domingo, 8 de abril de 2018

Khabib Nurmagomedov, el luchador de UFC que se entrenaba con 8 años contra osos

Que Khabib Nurmagomedov es un sujeto extraordinario se veía venir desde lejos. Concretamente desde el año 1997, cuando el entonces neófito deportista ruso comenzaba a dar muestras de que su capacidad y talento para lucha eran de otro planeta. Con solo 8 años, este niño nacido en 1988 en Majachkalá, capital de Daguestán, entrenaba su faceta del cuerpo a cuerpo batiéndose en duelo con osos de mayor tamaño que él para mejorar sus agarres yx derribos, desarrollando así una fuerza sobrehumana con la que actualmente domina a todos sus oponentes de la UFC, la mayor competición de artes marciales mixtas (MMA) del mundo. Tanto es así, que este sábado tiene la oportunidad de alzarse como campeón del peso ligero frente a Al Iaquinta.
Así es como se ha ido forjando la leyenda de este «águila» ruso, como se le conoce. Probablemente por su fiereza y su capacidad de fijar una presa y cazarla con precisión milimétrica. Fue su progenitor, maestro de judo y boxeo, el que le introdujo en la lucha libre y el que le buscaba estos esparrings tan particulares, aunque a la postre se ha podido comprobar que su eficacia está exenta de toda duda a tenor de su impecable palmarés. Khabib, además de tener un récord invicto de 25 victorias en MMA, es campeón del mundo del arte marcial sambo, de “grappling” y cinturón negro de judo y ha sido criado con una disciplina marcial que hoy en día conserva.
Corría el año 2008 cuando el peleador ruso debutó en una pelea profesional. Solo un mes más tarde, encadenó tres victorias consecutivas en un torneo soviético en el mismo día, demostrando la dureza que ya lucía desde niño, pues sus combates se decidieron a los puntos. Dos nocaut consecutivos le valieron la oportunidad de pelear en una competición selectiva de M-1, una de las organizaciones de MMA de referencia en Rusia. Allí destrozó a todos sus contendientes. Khabib no ve rivales, solo obstáculos incómodos que ha de apartar para que no le roben su sueño de crear un legado exclusivo.

En su mente sabía que el 2011 tenía que ser el año de su explosión. El de abrir las puertas del olimpo de la lucha total. Y así lo hizo. Encadenó seis victorias de forma continua, todas antes del primer asalto, en ProFC, con todo tipo de herramientas: sumisiones, golpes y derribos. Ya nada podía separarle de la elite de las MMA. Recibió la llamada de UFC. Comenzó el espectáculo. Kamal Shalorus fue su primera víctima. Luego cayeron Gleison Tibau, Thiago Tavares, Abel Trujillo y Pat Healy. En este momento, Khabib ya era una realidad. Y tuvo su prueba de fuego con Rafael dos Anjos al que derrotó por decisión unánime. Pero le sobrevinieron su peores pesadillas, las que le han cortado en más de una ocasión las alas al águila ruso: las lesiones.
Dos años estuvo Khabib alejado de la jaula estadounidense. Tiempo suficiente para conocerse, plantearse su futuro y acordarse de aquel oso, aquel que siempre que le tumbaba lograba reponerse. Y volvió más fuerte. Venció a Darrell Horcher, Michael Johson y con Edson Barboza logró su noveno triunfo consecutivo en UFC y su 25 luz verde en el récord total. Un palmarés que hizo despertar el interés de Cristiano Ronaldo, gran aficionado a este deporte y con el que mantiene una buena relación.
Ahora, el ruso tiene a su alcance aquello por lo que tanto ha luchado: el título del peso ligero de UFC. Bien es cierto que la pelea estaba pactada con Tony Ferguson y tuvo que ser desprogramada por quinta vez debido a una lesión del estadounidense. Y también lo es que se ha barajado en numerosas ocasiones su enfrentamiento con Conor McGregor, con el que tiene una rivalidad que el irlandés llevó hace unos días demasiado lejos, montando el mayor lío de la historia de la compañía.

Por si fuera poco, Max Holloway, el campeón del peso pluma, que había salido al paso para no se descabezara el evento UFC 223 de Nueva York, no recibió el apto de los médicos por una bajada drástica del peso. Luego se propuso a Anthony Pettis y Paul Felder, pero tampoco llegó a buen cauce. Así que el estadounidense Al Iaquinta será el último escollo hacia la cima para el depredador ruso. “Me preguntaron para pelear con cinco rivales diferentes esta semana y yo les respondí: "Si quieren traigánme a King Kong y si él puede dar los 70 kilos de peso, hagámoslo”, dijo con sorna este viernes en la conferencia de prensa previa al evento.
Khabib no puede fallar. Es el momento de rematar una carrera a mano alzada inmaculada hasta nuestros días. Siempre buscando más el beneficio deportivo que el económico. “Yo no peleo por dinero, peleo por crear un legado”, ha dicho en alguna ocasión. Ahora, está ante la oportunidad de hacer historia en las MMA. Crear una descendencia deportiva imborrable. “¿Qué hora es?”, le preguntan sus compañeros en su último vídeo. “Es la hora de Khabib”, les responde.



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