viernes, 25 de marzo de 2011

En el draft de 1979, Joe Montana estuvo más cerca de Tom Landry y los Cowboys

Esta es una gran historia de draft.
"Estaba esperando que me lo pidieras", le respondí a Fillol, cuando me preguntó si quería contarla.
Estaba esperando que me lo pidiera, porque, considerando el impacto y las consecuencias que implicó para toda la NFL, esta es una de las mejores historias de draft que uno puede contar.



En la temporada de 1981, dos años después de haber reclutado a Joe Montana, San Francisco superó a Dallas en el juego de Campeonato de la NFC.
A partir de ese momento, por el resto de la década de los '80, siempre con Montana como mariscal, los 49ers ganarían cuatro Super Bowls, y los Cowboys ninguno.
Lo peculiar de esta historia es que meses antes del draft de 1979, Montana tenía encandilados a los directivos de Dallas. Era el jugador que más rápido estaba escalando posiciones, en la lista de candidatos de los Cowboys.
Joe Montana
Getty Images Montana en la universidad, en 1978
Los 49ers, en cambio, ni lo miraban.
Los Cowboys no pudieron evitar mirarlo, porque lo tuvieron frente a sus narices en el Cotton Bowl de Dallas, aquella célebre tarde de enero del '79. Lo vieron tomar sopa en las laterales para combatir una gripa, bajo una de las peores olas de frío en la historia de Texas. Lo vieron remontar heroicamente una desventaja de 22 puntos en el último cuarto. Lo vieron lanzar un pase de touchdown en los segundos finales, para el agónico, inolvidable triunfo de Notre Dame sobre Houston por 35-34.
En California, mientras tanto, los 49ers estaban demasiado preocupados ante la cantidad de huecos que tenían en la plantilla. Acababan de cambiar de entrenador en jefe, y el recién llegado, Bill Walsh, había heredado un equipo deshilachado, que venía de una temporada de 2-14.
Walsh no tenía tiempo, ni cabeza, ni ganas de andar fijándose en un mariscal que dos años antes era apenas el QB Nº 3 en la plantilla de Notre Dame.
Los Cowboys, por el contrario, podían fijarse en quien quisieran. Venían de jugar el Super Bowl --una derrota frente a los Steelers--, y estaban plagados de talento en todas las posiciones. Podían darse el lujo de tomar al mejor jugador disponible cuando les tocara elegir en el draft, una estrategia que siempre les había dado excelentes resultados y había sido una de las razones por las que habían dominado la NFC en los '70.
Los tres cerebros de Dallas --Tex Schramm, gerente general; Gil Brandt, jefe de Evaluación de Talento, y Tom Landry, entrenador en jefe-- se encontraban en la situación ideal, en la posición preferida, de cara al draft de 1979: tener libertad para elegir por talento, sin estar atados a los designios de la necesidad.
Tom Landry Tex Schramm
Getty Images Landry y Schramm cavaban hondo al evaluar talento
Tal como les gustaba hacer, los tres iban a trabajar a coro durante varios meses, para ordenar a los jugadores del draft por su valor. Iban a dedicarle toda su sabiduría y todo su empeño al armado de ese ranking, para simplificar la toma de decisiones el día del gran evento.
Ese día, sólo había que elegir al jugador más alto disponible en ese ranking, y ya.
Algo tan sencillo como leer un nombre, y comunicárselo al comisionado.
Sin estrés, sin tensiones, sin movimientos apresurados ni determinaciones impulsivas. Hacer lo que indica la lista, y punto.
Cuando terminaron de confeccionar esa lista, supuestamente destinada a dictar el draft de los Cowboys de 1979, Schramm, Brandt y Landry tenían a Montana en el Nº 33.
En la lista de los 49ers, mientras tanto, Montana ni siquiera figuraba.
Walsh necesitaba un QB titular, porque ni Steve DeBerg ni Scott Bull, quienes se habían repartido ese rol en el '78, lo convencían para su sistema. De lo que tenía para ofrecer el draft, a Walsh le gustaban Phil Simms como primera opción, proveniente de Morehead State, y Steve Dils, de Stanford, como alternativa.
James Owens
Getty Images Owens era el WR que Walsh quería
Por haber registrado la peor marca de toda la liga el año anterior, los 49ers deberían haber sido dueños de la primera selección global en 1979. Pero el año anterior a la llegada de Walsh, San Francisco había enviado ese pick a Buffalo, junto con otras cuatro selecciones de diferentes drafts, en un canje por el corredor O.J. Simpson.
Sin embargo, Walsh y su mano derecha, John McVay --quien venía de ser entrenador en jefe de los Giants, y a quien Walsh puso en el cargo de director de Operaciones--, creían que tal vez podrían amarrar a Simms con el primer pick de la segunda ronda.
Si Simms no caía hasta ese lugar, entonces el plan era tomar allí al receptor abierto James Owens, de UCLA, y en la tercera ronda elegir a Dils.
Dils contaba con la gran ventaja de conocer la ofensiva de Walsh, quien había sido entrenador en jefe de Stanford en 1977 y '78. Así que Walsh no necesitaba saber de otros mariscales. Confiaba en que conseguiría a Simms o a Dils, y con eso le bastaba. Había que prepararse para 12 rondas de reclutamiento, y había muchas otras posiciones de las cuales ocuparse.



Así estaban las cosas... hasta 10 días antes del draft.
Diez días antes del draft, Walsh envió a su director de juego aéreo, Sam Wyche, a una sesión privada con Owens en UCLA.
Wyche, quien años más tarde sería entrenador en jefe de Cincinnati y de Tampa Bay, arribó a Los Angeles y preguntó dónde había un mariscal que pudiera tirarle pases a Owens.
Le informaron que allí cerca, en Manhattan Beach, estaba residiendo Montana.
"Me sirve cualquiera que alguna vez haya lanzado un balón", pensó Wyche, quien nunca había visto a Montana en persona.
Sam Wyche y Bill Walsh
Getty Images Wyche, izquierda, junto a Walsh
Lo llamó, y el joven accedió a presentarse de inmediato, sin especular ni pedir razones; sólo preguntar si podía ir con su novia.
A pocos minutos de iniciada la audición, los ojos de Wyche ya no estaban en el receptor, sino en el pasador.
En un momento en que la sesión se detuvo para que los jugadores se refrescaran, Wyche corrió a un teléfono y llamó a Walsh.
"Oye, Bill, mira; estamos aquí, somos cuatro personas: James, yo, este chico de Notre Dame que se llama Montana, y su novia. Montana, ¿recuerdas? Algunos cazatalentos nos han hablado de él. Dicen que está en la mira de varios equipos, y ya veo por qué. Es realmente impresionante. Te digo... hay algo especial en él. Sé que te gusta Dils, pero deberías darle una mirada a este tipo. Tiene puntería, excelente movimiento de pies, buenos instintos, y, sobre todo, su balón llega a las manos del receptor con una suavidad indescriptible. No te lo puedo explicar. Tienes que verlo por ti mismo".
Pocos días después, mientras la cuenta regresiva del draft se aproximaba a cero, Wyche y Walsh volaron juntos a Los Angeles, para otra audición de Owens y Montana.
"Hay cambio de planes", dijo Walsh ni bien concluyó la sesión. "Les avisaré a los muchachos: si no está Simms disponible, vamos con Owens en la segunda ronda y Montana en la tercera".



Había un problema, sin embargo.
Los 49ers no tenían la primera selección de la tercera ronda, como les correspondía, porque también la habían canjeado. La habían enviado a Seattle por el profundo Bob Jury y la selección Nº 82 global, que era la última de la tercera ronda.
Así que, en lugar de elegir al principio de esa tercera vuelta, elegían al final.
Fue un draft plagado de sorpresas, el de 1979.
Phil Simms
Getty Images Simms se fue antes de lo esperado
Comenzó como todos esperaban: los Bills, con el pick de San Francisco, pronunciaron el nombre de Tom Cousineau, de Ohio State, apenas el segundo apoyador tomado con la primera selección global en la historia del draft.
Pero poco después llegó el primer cimbronazo: en el Nº 3 global, los Bengals tomaron a Jack Thompson, mariscal de Washington State, algo que nadie esperaba.
Eran malas noticias para Walsh, porque si los demás equipos empezaban a reclutar mariscales tan temprano, se reducían las posibilidades de que Simms sobreviviera a la primera ronda, o de que Montana llegara a lo profundo de la tercera.
Thompson resultó un fiasco. No fue el único mariscal que fracasó en Cincinnati luego de ser reclutado en el Top 3 (Akili Smith se le unió dos décadas después), ni fue el único mariscal de Washington State que fracasó en la NFL tras ser reclutado en el Top 3 (Ryan Leaf le hizo compañía una década más tarde).
Cuatro selecciones después de Thompson, el panorama se nubló aún más para Walsh.
Llegó la gran sorpresa de la primera ronda. Más inesperada aún que la movida de Cincinnati con Thompson, y más inesperada también que la decisión de New Orleans de reclutar en el Nº 11 global a Russell Erxleben, un pateador de Texas.
Con el Nº 7 global, los Giants se llevaron a Simms.
Nadie consideraba que el chico de Morehead State valiera un pick tan alto, tal vez ni siquiera los Giants... pero era un capricho de su entrenador en jefe.
En New York tenían nuevo entrenador en jefe, y a veces a los recién llegados se les da la luz verde para esa clase de antojos.
El nuevo entrenador en jefe era Ray Perkins, quien había reemplazado a McVay en el cargo.
"Lo decidí anoche, antes de irme a dormir", declaró Perkins. "Decidí que íbamos a tomar un mariscal en la primera ronda. ¿Por qué no? Simms tiene buen brazo, es inteligente, y yo lo veo como una fotocopia de Terry Bradshaw".
Bill Walsh
Getty Images Walsh necesitaba ayuda de arriba
El capricho resultó bien para los Giants: Simms estuvo 15 años en New York, y fue el Jugador Más Valioso en la victoria sobre los Broncos del Super Bowl XXI.
Para Walsh, en cambio, el anuncio de que los Giants tomaban a Simms fue como una patada en la ingle.
Su "Plan A" del draft se había desmoronado mucho antes de lo pensado, y las probabilidades de poder concretar el "Plan B" eran francamente exiguas.
Simms ya no estaba, y, con dos mariscales fuera de la pizarra en los primeros siete turnos, ¿qué posibilidades había de que Montana durara tres rondas completas?
Cuando los Chiefs tomaron a Steve Fuller, QB de Clemson, en el Nº 23 global, Walsh terminó de perder por completo las esperanzas. Sabía que Montana era el siguiente mariscal en la lista de la mayoría de los equipos, y ni siquiera había terminado la primera vuelta.
Resignado, y con la sensación de que estaba fracasando sonoramente en su primer draft como entrenador en jefe, a Walsh no se le ocurrió otra cosa más que mantenerse fiel a lo programado. Reclutó a Owens con el primer pick de la segunda ronda, y se sentó a esperar el milagro.



Sucedieron entonces dos anormalidades portentosas.
La primera fue que nadie tomó a un mariscal durante el resto de la primera ronda, ni en la segunda, ni en la tercera.
La otra anormalidad fue que los Cowboys sorpresivamente hicieron lo que nunca hacían: salirse del libreto.
La fórmula inquebrantable de tomar al mejor jugador disponible, la receta infalible de privilegiar el talento sobre la necesidad, fueron insólitamente dejadas de lado en Dallas.
Y no solamente una vez, sino dos veces.
Carano, Landry, Staubach y White
Getty ImagesIzq. a derecha: Carano, Landry, Staubach y White
Luego de amarrar en la primera ronda al centro Robert Shaw, de Tennessee, los Cowboys estaban de regreso en el reloj en la segunda ronda, con el pick Nº 55 global.
Montana era en ese momento el jugador más alto en la lista de fuego de Dallas, pero no muy lejos de él estaba Aaron Mitchell, esquinero de UNLV.
En la plantilla de los Cowboys había en ese momento tres mariscales: Roger Staubach, quien iba camino al Salón de la Fama; Danny White, a quien habían reclutado en la tercera ronda del '74 y había regresado a Dallas tras un par de años desarrollándose en la World Football League, y Glenn Carano, a quien habían seleccionado en la segunda ronda del '77.
Así que no había un hueco en la posición de QB.
Tampoco lo había en otras posiciones, pero el principio de "reclutar al mejor" fue superado en ese instante por el principio de "nunca se tienen suficientes esquineros", y Schramm, Brandt, Landry coincidieron en que lo mejor era escoger a Mitchell.
Pasaron 21 selecciones y el draft volvió a los Cowboys.
Era el pick Nº 76 global, casi al final de la tercera ronda, y Montana, el Nº 33 en la pizarra de Dallas, seguía disponible.
El mariscal de Notre Dame era ahora, por amplio margen, el jugador mejor rankeado en la lista sagrada, la lista inapelable, la lista imposible de desobedecer de los Cowboys.
Schramm y Brandt no lo dudaron. No había mucho que pensar. La decisión era obvia.
Pero Landry se opuso, en una discusión que cambió el curso de la historia de la NFL.
Schramm: "Vamos con Montana".
Tom Landry, Gil Brandt y Tex Schramm
Getty Images Landry mantuvo su postura ante Brandt y Schramm
Brandt: "Sí señor, adelante".
Landry: "Un momento".
Schramm: "¿Qué ocurre?"
Landry: "Votemos".
Schramm: "Bueno, rápido. Yo digo Montana".
Brandt: "Yo digo Montana".
Landry: "Yo digo que lo voy a cortar si lo elegimos".
Brandt: "¿Lo vas a cortar? ¿Acaso no has comentado mil veces que te encanta este chico?"
Landry: "Me encanta, pero les voy a ser sincero... nunca imaginé que realmente se iba a presentar la oportunidad de reclutarlo, y la verdad es que ya tenemos tres mariscales. Los tres conocen el sistema. Van a competir en el campamento de entrenamiento, le van a ganar y lo vamos a cortar".
Schramm: "Aguarden un instante. ¿Estamos diciendo que Carano es mejor que Montana?"
Brandt: "A mí no me mires".
Landry: "No digo que Carano sea mejor que Montana. Sólo digo que le va a ganar en el campamento de entrenamiento, porque conoce el sistema".
Brandt: "¿Y por qué no ir a la temporada con cuatro mariscales?"
Landry: "No voy a ir a la temporada con cuatro mariscales".
Doug Cosbie
Getty Images Cosbie se fue en lugar de Montana
Schramm: "A ver, a ver. Staubach tiene 37 años. Alguien tendrá que ocupar su lugar en poco tiempo. Me gusta la idea de que White se mida con Montana, y que gane el mejor".
Landry: "Creí que los tres estábamos de acuerdo en que confiábamos en White".
Schramm: "Confiamos en White, Tom. Pero también los tres estamos de acuerdo en que tenemos una selección que hacer, y Montana es por mucho el mejor jugador disponible en este momento".
Brandt: "Yo también confío en White. Pero si quiere el puesto de Staubach, se lo tendrá que ganar; y podemos darle un rival mejor que Carano. Yo voto por reclutar a Montana".
Schramm: "Yo también".
Landry: "Yo no".
Schramm: "Tom, se acaba el tiempo. No hay nadie que siquiera se le acerque a Montana en nuestra pizarra".
Landry: "¿Qué tal Doug Cosbie?"
Brandt: "¿Quién?"
Landry: "Doug Cosbie, de Santa Clara".
Brandt: "¿Un ala cerrada?"
Landry: "Exacto, y lo sumamos a la competencia por ser el sucesor de Billy Joe DuPree".
Brandt: "Pero a DuPree le quedan más temporadas en el tanque que a Staubach. Con ese mismo razonamiento, ¿por qué no tomamos a Montana, y lo sumamos a la competencia por ser el sucesor de Staubach?"
Landry: "Porque voy a terminar cortándolo en menos de cinco meses. ¿De qué forma tengo que decirlo, para que me entiendan?"
Brandt: "Bueno, si insistes con eso de que lo vas a cortar..."
Schramm: "Se acabó el tiempo, vamos con Cosbie".



Bill Walsh y Joe Montana
Getty ImagesEl destino quiso que Walsh y Montana se juntaran
Los Cowboys habían dejado pasar a Montana, pero el calvario no había terminado para Walsh.
Él sabía que los siguientes cuatro equipos en el orden necesitaban alguna clase de refuerzo en la posición de mariscal, y sabía también que probablemente todos ellos tenían a Montana al tope de la lista.
Los cuatro equipos en cuestión eran los Broncos, los Buccaneers, los Falcons y los Rams. Y los Bucs elegían dos veces: en el Nº 78 y en el Nº 80.
Entre las selecciones 77ª y 81ª, Denver, Tampa Bay, Atlanta y Los Angeles evaluaron la posibilidad de llevarse a Montana. Pero los cuatro se inclinaron al final por otras posiciones, y dejaron la de mariscal para más adelante.
Con el pick Nº 82, y una enorme sonrisa de alivio en la cara, Walsh reclutó a Montana.



EPÍLOGO
•  James Owens nunca funcionó como receptor abierto en San Francisco. Duró sólo dos años con los 49ers, quienes lo utilizaron principalmente como especialista en devoluciones de patadas. Luego estuvo cuatro años en Tampa Bay, donde terminó siendo corredor.
Danny White
Getty ImagesTal como estaba planeado, White sucedió a Staubach
•  Roger Staubach jugó solamente una campaña más en Dallas después de ese draft. Se retiró tras la temporada de 1979.
•  Danny White tomó el lugar de Staubach a partir de 1980, y condujo a Dallas a tres juegos de Campeonato de la NFC. Pero perdió los tres, uno de ellos contra Montana. Luego de esas tres derrotas, los Cowboys entraron en un carrusel de mariscales del que no salieron sino hasta 1989, cuando reclutaron en el Nº 1 global a Troy Aikman.
•  Glenn Carano estuvo siete años en Dallas. Sólo fue titular en un partido.
•  Aaron Mitchell nunca se ganó un lugar en la secundaria de los Cowboys, y se mudó a Tampa Bay dos años después. Su carrera concluyó tras una temporada con los Buccaneers.
•  Billy Joe DuPree siguió jugando en Dallas hasta 1983.
•  Doug Cosbie tuvo que aguardar más de lo que sus entrenadores habían imaginado para reemplazar a DuPree, pero finalmente lo hizo y llegó a tres Pro Bowls.
•  Sam Wyche, responsable directo y único de que Walsh se fijara en Montana, perdió el Super Bowl XXIII como entrenador en jefe de los Bengals, frente a los 49ers de Walsh y Montana.
•  John McVay se mantuvo en el cargo de director de Operaciones durante los cinco títulos de Super Bowl de los 49ers. Antes, como entrenador en jefe de los Giants, McVay había intentado enfáticamente realizar un canje para obtener a White, pero Dallas se había rehusado a desprenderse de su QB Nº 2. Si en aquel momento hubieran aceptado la propuesta de McVay, los Cowboys probablemente habrían reclutado a Montana en el draft de 1979.
•  Steve Dils, desplazado por Montana en la pizarra de los 49ers pocos días antes del draft, terminó siendo el siguiente mariscal en escuchar su nombre después de Montana. Lo tomaron los Vikings, que estaban buscando un QB Nº 2, porque Fran Tarkenton acababa de retirarse, y su reserva Tommy Kramer era el nuevo titular.
Steve Dils
Getty ImagesDils fue la elección de Minnesota en el Nº 97 global
Los Vikes tenían en la mira a Montana. Estuvieron a punto de seleccionarlo a mediados de la segunda ronda, pero les pareció un poco temprano para un mariscal suplente. Optaron en su lugar por el hombre que le daba el balón en Notre Dame: el centro Dave Huffman.
Si los Vikings hubieran tenido su pick de mediados de la tercera ronda, lo habrían utilizado en Montana. Pero la NFL le había quitado esa selección a Minnesota, como castigo por haber violado las normas de la liga para audiciones de jugadores colegiales.
Por un momento, los Vikings se hicieron ilusiones de que Montana podía llegar hasta ellos en la cuarta ronda. Pero San Francisco se lo llevó con el último pick de la tercera, y los Vikes tuvieron que conformarse con reclutar a Dils, quien se desempeñó 11 años como reserva en Minnesota, Los Angeles y Atlanta.
•  Luego de pensar en amarrar a Montana en el Nº 77, los Broncos optaron por el liniero defensivo Bruce Radford, de Grambling State, y atendieron su necesidad de mariscal en la quinta ronda, con Rick Leach, de Michigan. Radford duró solamente una temporada en Denver y tres en total en la NFL. Leach se dedicó al béisbol.
•  Luego de pensar en amarrar a Montana en el Nº 78 y en el Nº 80, los Buccaneers optaron respectivamente por el ala defensiva Reggie P. Lewis, de North Texas, y el corredor Rick Berns, de Nebraska, y atendieron su necesidad de mariscal en la quinta ronda, con Chuck Fusina, de Penn State. Lewis y Berns duraron dos y cuatro años en la NFL, respectivamente. Fusina lanzó un total de cinco pases a lo largo de sus únicos tres años con los Bucs.
William Andrews
Getty ImagesAndrews: una carrera exitosa pero breve en Atlanta
•  Luego de pensar en amarrar a Montana en el Nº 79, los Falcons optaron por el corredor William Andrews, de Auburn --pese a que acababan de reclutar a un corredor apenas cuatro lugares antes--, y atendieron su necesidad de mariscal en la sexta ronda, con Mike Moroski, de California-Davis. Andrews tuvo un inicio de carrera espectacular, con cuatro Pro Bowls en cinco años, pero una lesión lo obligó a retirarse temprano. Moroski jugó ocho años como reserva en Atlanta, en Houston y también en San Francisco, donde fue suplente de Montana.
•  Luego de pensar en amarrar a Montana en el Nº 81, los Rams optaron por el centro Mike Wellman, de Kansas, y atendieron su necesidad de mariscal en la novena ronda, con Jeff Rutledge, de Alabama. Wellman jugó dos años en la NFL, pero no con los Rams, sino con los Packers. Rutledge tuvo una extensa carrera de 13 temporadas como reserva, pero sólo tres de ellas fueron con los Rams. Las otras 10 fueron con los Giants y los Redskins.
•  El pick Nº 82, que San Francisco había recibido de Seattle en un canje y luego invirtió en el QB que ganó cuatro Super Bowls, no pertenecía originalmente a los Seahawks.
Los Seahawks lo habían obtenido al intercambiar selecciones de tercera ronda con Dallas, en un canje que envió al ala defensiva Bill Gregory a Seattle.
Así como lo leen: además de todo lo que pasó, la selección con la que los 49ers reclutaron a Montana pertenecía originalmente a los Cowboys.

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